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Un investigador colombiano calcula la huella hídrica del mundo

Un investigador colombiano calcula la huella hídrica del mundoEl fenómeno del que habla es invisible. Y por mucho tiempo también fue una problemática ignorada por la ciencia. Sin embargo, la advertencia que arroja es clara: “Los humanos estamos consumiendo tanta agua como el equivalente a dos terceras partes del caudal del río Amazonas cada año, pero es agua que no vemos”.

Las palabras son de Fernando Jaramillo, un colombiano que actualmente es investigador de la Universidad de Estocolmo, en Suecia, y que publicó recientemente una investigación sobre recursos hídricos y consumo de agua en la reconocida revista Science.

¿Gastamos más agua de la que vemos y creemos que gastamos? Sí. Fue la conclusión de parte de su estudio de doctorado, en el que analizó las series de caudal de 100 de las cuencas hidrológicas más grandes del mundo durante los últimos 110 años, para calcular la evapotranspiración en cada una de ellas.

La evapotranspiración es el fenómeno por el cual el agua se devuelve de la superficie de la Tierra a la atmósfera, ya sea por la evaporación del agua o por la transpiración de la vegetación.

“Estamos creando un flujo de agua hacia la atmósfera en cantidades que antes no existían, esta agua debería estar por naturaleza en los ríos y en la superficie”. Por lo tanto, esa corriente invisible de agua en forma de vapor es como si consumiéramos esa agua. Este consumo de agua por embalses y riego hace que la huella hídrica de la humanidad sea en realidad 20 por ciento más de lo que se creía.

En conversación con EL TIEMPO, Jaramillo explicó este descubrimiento científico, del que poco se conoce aún pero que ya pone en alerta los cálculos que por mucho tiempo se venían haciendo sobre el impacto de los embalses en el recurso del que depende la propia existencia de los humanos: el agua.

¿Qué es eso de evapotranspiración?

La evapotranspiración es la forma en que el agua se devuelve de la superficie a la atmósfera como vapor, y es parte del ciclo hidrológico natural. Es la suma de la evaporación del agua desde el suelo, los lagos, los ríos, etc., es decir, desde cualquier superficie, y de la ‘transpiración’ de las plantas, las cuales emiten agua en forma de vapor por las hojas como parte de sus procesos biológicos.

Con nuestro estudio nos dimos cuenta de que en las cuencas hidrológicas donde ha habido mucha regulación de agua por la construcción de embalses y presas, o donde se utiliza agua para riego de cultivos, ha ocurrido un incremento de evapotranspiración que no puede ser explicado por el cambio típico en el clima de año a año. Es decir, en estas cuencas mucha más agua se está yendo ahora a la atmósfera directamente antes de llegar a los ríos y al mar que en comparación con hace más de 50 años.

Entonces, ¿por los embalses hay más agua evaporándose de la que se está quedando en los ríos?

Sí. El ciclo hidrológico es así. En condiciones normales la lluvia cae sobre la superficie, y una parte de esta agua es retenida en el suelo y absorbida por las plantas y es transpirada por las hojas; la otra parte del agua que las plantas no alcanzan a tomar empieza a correr sobre la superficie, llegando a los ríos y finalmente al mar. Ahora, cuando se construye una presa sobre un río, el espejo de agua del embalse que se genera al acumular el agua del río hace que haya mucha más agua disponible para ser evaporada a la atmósfera, incrementando la evaporación, y que se disminuya la cantidad de agua en el río después del embalse. Además, parece ser que hay otros efectos climáticos y de cambios en el nivel del agua alrededor de los embalses que también aumentan este fenómeno.

¿Los embalses les restan, entonces, capacidad a los ríos para captar esas aguas?

Sí, curiosamente. Nos dan agua para nuestro uso o consumo, pero reducen la disponibilidad de agua en una región a largo plazo. Eso es lo que observamos en el periodo de tiempo largo que se estudió. En las cuencas que tienen embalses o riego, hay en general menos agua corriendo en los ríos ahora de la que había anteriormente, y esto no es por el cambio del clima sino por nuestras acciones. Parece ser que estamos alterando completamente el ciclo hidrológico al regular el agua.

Tomemos el siguiente ejemplo: un campesino que vive en una región donde se construyó un embalse hace 40 años podrá ver ahora menos agua hoy en los ríos de la que había antes de que se construyeran los embalses. Obviamente, esto solo se puede ver en largos periodos de tiempo. Nosotros estamos analizando cambios a lo largo de más de sesenta años en las regiones del mundo donde la información está disponible. En el caso de Colombia, donde las series hidrológicas tienen apenas un par de años, esto sería más difícil de comprobar.

Normalmente esta evaporación de la que habla responde a un fenómeno climático… ¿A mayor temperatura, mayor evapotranspiración?

Correcto. A mayor temperatura, mayor evapotranspiración, pues hay más energía. También al haber más lluvia hay más evapotranspiración, pues hay más agua.

Cada mes está rompiendo el récord de ser el más caluroso… ¿Aumentará entonces el consumo de esta agua que no vemos?

Sí. Con el cambio climático por emisiones de gases de efecto invernadero, se está incrementando la temperatura, y entonces también la evapotranspiración, ya sea desde la superficie o del mar. Pero lo interesante de nuestro estudio es que vemos que el incremento de la evapotranspiración que está ocurriendo sobre la superficie de la Tierra se relaciona más con los embalses y los distritos de riego construidos que con ese incremento de temperatura o de la lluvia de año a año.

La energía hidroeléctrica ha gozado de buena fama por ser una fuente renovable. ¿Estamos redescubriendo los efectos de una energía que creíamos beneficiosa?

A pesar de estos resultados, no se puede satanizar el desarrollo hidroeléctrico solamente desde esta perspectiva. La hidroenergía es considerada una fuente más limpia que la energía térmica, pues genera menos emisiones de carbono y su huella de carbono es menor, además de tener enormes ventajas en cuanto a costos y otros aspectos ambientales. Pero en aspectos de consumo de agua, esta afirmación tal vez no es tan evidente.

Además, hay que tener bien claros todos los efectos positivos y negativos de cada una de las alternativas de generación de energía para tomar las decisiones correctas a corto y largo plazos, que sean adecuadas para los ecosistemas y las comunidades de una región. Si vamos a considerar que una energía es limpia, hay que conocer todos los impactos y matices de ese tipo de generación de energía.

Entonces, ¿hemos subestimado los impactos de los embalses?

Tal vez. En los artículos que publicamos, demostramos que si incluimos este efecto del incremento de la evapotranspiración asociado a embalses en el de la huella hídrica o si lo contabilizamos para determinar el consumo de agua humano, el consumo humano de agua se localiza por encima del límite planetario, que ha sido definido por unos científicos del Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo hace unos años.
Este efecto también afecta la huella hídrica de la humanidad al aumentarla en un 20 por ciento cada año, en comparación con los estimativos anteriores. Este incremento anual equivale a toda el agua que sale por el río Magdalena en cuatro años, o dos tercios de toda el agua que sale por el río Amazonas en un año. Es decir, mucha agua.

¿Hay maneras de mitigar este gasto adicional de agua?

La verdad, es increíble, pero apenas estamos cuantificando esta problemática. Es curioso que la humanidad gaste muchos recursos en modelos climáticos, estudios científicos, en planeación de mitigación y adaptación a cambios que pasarán en 100 años por culpa del cambio climático, por ejemplo. Y por el otro lado, todavía no sabemos ni siquiera cuánta agua estamos consumiendo con nuestras actividades, ni los efectos que estamos teniendo en el ciclo hidrológico en el presente. Hay mucha incertidumbre. Precisamente, lo que queremos con esta investigación es mostrarle a la gente lo poco que conocemos del ciclo del agua.

¿Qué consecuencias trae que estemos gastando de esta manera el agua?

Buena pregunta. Los embalses y los distritos de riego tienen como principal objetivo aumentar la disponibilidad de agua para su uso o consumo. Ese es su propósito. Pero estamos viendo los beneficios positivos de ese aprovechamiento en el corto plazo, e ignorando los efectos negativos a largo plazo. En algunas cuencas, el hecho de que la disponibilidad de agua disminuya sobre la superficie seguramente no traerá mayores inconvenientes. Pero si esto ocurre en cuencas secas o donde el agua escasea, estos impactos pueden ser mucho más negativos. Si un niño nace ahora en una cuenca con muchas presas y mucho riego, seguramente va a ver menos agua corriendo por el río que lo vio nacer que su abuelo, que veía más antes de que se desarrollaran dichos proyectos de infraestructura. Esto posiblemente es un cambio que no tiene reversa.

Los ríos investigados

En principio la investigación analizó 3.000 cuencas en el ámbito mundial. Sin embargo, para este estudio se necesitaban series de datos de caudal históricas para hacer el análisis, y en muchos casos esas series en los principales ríos están interrumpidas o son de mala calidad. Entonces, los investigadores escogieron las 100 más grandes del mundo, que tuvieran la mejor información de los últimos años. De América Latina se incluyeron, entre otros, el río Grande, de México; el Orinoco, el Amazonas; el Paraná, de Brasil; el río Negro, de Argentina, y el San Francisco, en Brasil.

Fuente y fotografía: El tiempo

15 abril, 2016

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