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La venganza del calentamiento global se esconde en los océanos

El mar es el motor principal del clima en nuestro planeta. Este hecho que pasa desapercibido muchas veces es crucial para la vida que conocemos. Su papel es tan complejo y vasto que es dificilísimo entender todos los pormenores del papel que juega en el estado físico de la Tierra. Aún así, los científicos trabajan por desentrañar todos los matices posibles. Por ejemplo, ¿sabías que el mar actúa como sumidero de calor y de gases? Sí, los océanos absorben hasta el 90% del exceso de calor creado y retenido por la atmósfera. También son capaces de retener una cantidad enorme de los gases que producen el efecto invernadero, informa Hipertextual. Pero todo tiene su límite.

Una «esponja» llamada océano

El 70% de la superficie de nuestro planeta es agua. Y menos mal. Gracias a este hecho vivimos con climas suaves y adecuados para la vida. Nuestra existencia en un planeta como Marte, por ejemplo, sería mucho más incómoda, como poco. Parte de este hecho se debe a la capacidad del océano de absorber, como si de una esponja se tratase, el calor y los gases de la atmósfera. Hagamos un pequeño repaso: en la atmósfera existen diversos gases capaces de reflejar parte de la radiación que llega del sol. No siempre podemos ver dicha radiación (en forma de luz), pero esta calienta la superficie terrestre como si de un gigantesco invernadero se tratase. El océano se encarga de retener una gran parte de estos gases, mitigando su efecto de calentamiento. Pero, además, también es capaz de retener parte del calor. Mediante un titánico sistema conocido como circulación termohalina (o más conocido como la «cinta transportadora oceánica») los océanos transportan brutales masas de agua cargadas de calor y gases (además de nutrientes y animales).

Estas corrientes mantienen atrapados gases y calor. Pero recordemos una cuestión esencial: la energía (y la materia) ni se crea ni se destruye. Sólo se transforma. En el mar, el calor no se pierde, sólo se distribuye. Los gases, por su parte, sólo cambian de sitio o de estado químico. Así, estas corrientes hacen que el océano se comporte como una especie de esponja gigantesca que es capaz de absorber y distribuir. Pero también soltará parte de su contenido. Así lo han comprobado científicos de la NASA y el MIT, quienes han construido diversos modelos para evaluar la eficiencia de absorción del calor y de los gases por parte del océano. Y lo que observaron es lo siguiente: a medida que haya más calor en la superficie del planeta, las corrientes irán más lentas. Cuanto más lentas, menos calor podrán absorber. Pero más gases como el CO2 serán retenidos. Esto es una buena noticia a corto plazo. Pero el problema vendrá después.

El contragolpe

A medida que el mar se carga de calor y gases, siguiendo la analogía de la esponja, llegará un punto en el que no pueda absorber más. Entonces, al cabo del tiempo, parte de ese exceso de carga volverá a salir a la superficie. No sabemos cuánto tiempo tardará ni en qué cantidad, aunque los modelos sitúan este hecho en un escenario en el que podríamos haber reducido las emisiones, por nuestra cuenta, y el planeta seguiría «castigándonos» por lo que hicimos en el pasado. Pero no nos pongamos tan melodramáticos. Sabemos que esto ocurrirá así que podemos incorporar esta información a los modelos y planes de acción que tenemos en mente. Al fin y al cabo, esa es la intención de este y otros estudios similares: entender cómo funciona el complejo sistema climático del planeta.

Sabemos que el clima no es una cuestión sencilla. Las acciones llevadas a cabo a lo largo de milenios, suponemos, tendrán consecuencias mucho más elongadas en el tiempo. Es normal. El planeta es un sistema muy complejo y con una gran inercia. La cuestión es cómo afecta el impacto que generamos a todo el sistema. Y más importante, qué debemos hacer para adaptarnos a sus consecuencias. Pero volviendo al estudio, todo indica que las consecuencias de nuestras acciones con el medio ambiente se apreciarán a largo plazo. No es algo nuevo, ya lo sabíamos a la hora de hablar de otros aspectos. Ahora, con los gases capturados por el mar, también lo creemos así. Así que ya podemos ponernos manos a la obra para mitigar las consecuencias.

Entender todo esto

Precisamente, la complejidad en tiempos, piezas del sistema y la acción continua del hombre es lo que hace tan complejo el poder comprender el clima. Pongamos un ejemplo. Hace unos años se exponía como prueba «en contra» del cambio climático el hiato térmico sufrido entre 1998 y 2013. Esto es, que no hubo un aumento significativo de temperaturas durante este periodo, tal y como podría esperarse. Pero la realidad es mucho más compleja (a pesar de que el ejemplo es sencillo). Y es que el océano, tal y como hemos visto, distribuye el calor, que es lo que se observó tras varios estudios con diversos modelos. Lo cierto es que este hecho nos ha ayudado a comprender un poco mejor cómo reacciona el ciclo termohalino ante el incremento del cambio climático. Otro ejemplo interesante es el que explica que el océano absorbe más CO2 que metano emite a la atmósfera. Esto, comprobado por un equipo noruego, hace referencia al efecto de las algas que habitan el mar y que indica que el enfriamiento resultante es 230 veces superior al calentamiento que genera el metano emitido.

Esto podría hacernos pensar que el océano tiene capacidad de responder al impacto de los gases de efecto invernadero de una forma más eficiente y, por tanto, positiva de la que creíamos. Pero si volvemos atrás en nuestros pasos, recordad que el exceso de carga del océano es devuelto a la superficie con el tiempo. Un exceso para el que los mares podrían no estar preparados (en cuanto a algas presentes), por lo que la eficiencia se perdería. Con todo esto lo único que queremos es mostrar un detalle muy importante: el cambio climático y el calentamiento global son hechos muy complejos de entender. No se pueden conocer todas las consecuencias y con todos los detalles ni con uno ni con cientos o miles de estudios. Siempre hace falta trabajar más para poder entender algo tan grande. Pero cuidado. No entenderlo todo no debería servir para tirar por tierra estos trabajos. El bosque no debería impedir que veamos los árboles. O al revés.

14 junio, 2017

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