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Catalunya prohíbe la extracción de coral rojo

Las poblaciones de coral rojo en la costa catalana están prácticamente esquilmadas. El nivel de explotación ha sido tan intenso y el daño infligido tan grave los últimos años, que la única solución para preservar esta especie es parar su extracción. Así lo indican las conclusiones de un informe sobre el estado de conservación del coral en la costa catalana elaborado por 14 expertos nacionales e internacionales. Tras conocer estos resultados, la dirección general de Pesca de la Generalitat ha decidido poner fin a la pesca del coral rojo a través de una moratoria que durará diez años, periodo que podría ser renovado. El coral rojo en Catalunya se encuentra sobre todo en la Costa Brava (cabo de Begur, Montgrí, islas Medes y macizo del cabo de Creus), donde se centra la actividad extractiva. Es la primera vez que se toma esta medida en la ribera europea del Mediterráneo.

La pesca del coral se lleva a cabo con restricciones en Catalunya. Anualmente, solo se dan diez licencias para pescarlo con inmersiones entre el 1 de mayo y el 31 de diciembre. La normativa exige que la talla mínima sea de 7 milímetros de diámetro en la base, y se permite extraer un máximo de 300 kilos brutos al año. No obstante, está prohibido hacerlo en el área marina protegida del parque natural del Montgrí, en las islas Medes y el Baix Ter, así como en zonas del parque natural del Cap de Creus (cabo Norfeu, cabo de Creus y Farallons). Las alarmas sobre el estado de estas poblaciones han sido continuas los últimos años.

Las inspecciones intervienen repetidamente capturas que no respetan las medidas reguladas, a lo que se añade un furtivismo que ha agravado la degradación. El resultado es que el ritmo de extracción supera la capacidad de regeneración del coral.

En coral rojo ( Corallium rubrum) está catalogado como especie en peligro de extinción en el Mediterráneo. Es la consecuencia de una fuerte presión pesquera, impulsada por un comercio que usa sus esqueletos en la industria de la ornamentación y la joyería.

EL CORAL ROJO
EL CORAL ROJO (Josep Ramos)

El informe de los expertos concluye que los corales no pueden ya sobreponerse a la presión de la pesca en la costa catalana. Sólo el 10% de las poblaciones estudiadas (4 de 39) muestra un buen estado de conservación (es decir, son colonias de más de 10 cm de altura y
7 mm de diámetro en la base), mientras que el 90% presenta un estado de conservación deficiente.

Las tallas se han reducido drásticamente los últimos años. Tienen de media entre los 3 y los 6 cm de altura, cuando en los años sesenta del siglo pasado podían medir entre 30 y 50 cm. Y en su base, la talla media es de 5 y 8 mm de diámetro, mientras que antes median hasta
4 centímetros.

Además, se ha constatado un aumento de las denuncias de furtivismo. Los decomisos analizados en los últimos 16 años (80 kg) han demostrado que en la mayoría de las intervenciones entre un 80% y el 90% de las colonias pescadas ilegalmente no superaban la medida legal establecida. Además, se lleva a cabo en zonas protegidas (parque natural del Montgrí, islas Medes y el Baix Ter).

“La pesca del coral ha reducido de forma dramática las tallas de las colonias y actualmente es raro encontrar colonias que superen los 7 milímetros de diámetro, la medida legal de pesca”, dice Joaquim Garrabou, investigador del Institut de Ciències del Mar-CSIC, uno de los autores del informe. “Si continúa la pesca, será imposible revertir la situación actual”, añade. Se cree, además, que su sobreexplotación en la Costa Brava es muy superior a la de las estadísticas oficiales.

Su recuperación se hace complicada, además, porque “el coral que vive en las aguas interiores está aislado del que vive en aguas más profundas; por eso, si lo esquilmamos no es posible su recuperación”, subraya Sergi Tudela, director general de Pesca de la Generalitat.

Los autores del informe han evaluado las posibles trayectorias futuras de las poblaciones de coral en Catalunya. Y los resultados indican que su recuperación sólo es posible si no hay actividades extractivas, pues se requiere más de 30 años para alcanzar su buen nivel de conservación.

Para lograr su preservación, recomiendan declarar una moratoria de la pesca en la costa catalana de 20 años renovables, aunque la Generalitat la ha limitado a diez años. Pide además que esa moratoria se acompañe de un control de la evolución de las colonias, establecer zonas de protección integral y una regulación de las visitas de los submarinistas. Incluso, proponen acciones para restaurar y promover la recuperación de las poblaciones. Pero el coral sufre otras amenazas. Además de la sobrepesca, los episodios de mortalidad masiva asociados al calentamiento de las aguas completan el negro panorama para esta especie. El coral tiene una tasa de crecimiento muy lento (1 mm al año en altura adultas y 0,25 mm al año en diámetro) y una capacidad de dispersión muy limitada (las larvas se asientan a escasos metros de sus progenitores). Todo eso hace que sus tallas sean hoy muy pequeñas, aunque la industria igualmente aprovecha cualquier pequeño trozo al mezclarlo y reciclarlo.

Por eso, su recuperación es muy lenta. Los estudios en las islas Medes han demostrado que en una sola operación de pesca se pueden capturar entre el 60% y el 90% de la biomasa total de una población determinada.

Como solución, se han creado reservas marinas; pero su utilidad, vista la lenta dinámica del coral, sólo es efectiva después de muchos años de protección real y constante, pues cualquier episodio de furtivismo puede echar al traste con el proceso de recuperación.

¿Cómo se concretará la prohibición? La dirección general de Pesca ha decidido que este año las capturas de coral se reducirán a la mitad y que la moratoria de diez años entrará en vigor en el 2018. Ahora falta decidir si este año sólo se dará la mitad de licencias (5) o si únicamente se permitirá que los diez coraleros puedan pescar únicamente tres meses, en lugar de seis.

La normativa de la Generalitat incidirá sólo sobre las aguas interiores bajo competencia autonómica (superficie delimitada de cabo a cabo), donde se desarrolla el 80% de esta actividad. El resto se efectúa en las aguas exteriores, que son competencia del Estado. Por eso, se han establecido contactos con la Administración central que ha mostrado su disposición a aplicar las mismas medidas que la Generalitat. “Si sólo se prohibiera la pesca en aguas interiores y se permitiera la pesca en aguas exteriores, tendríamos una situación muy complicada en la inspección, pues hay casos en que los coraleros colocan el barco en el límite fronterizo y llevan a cabo la actividad subacuática en aguas interiores”, añade Tudela. “Esperamos que el Estado también aplique estos mismos criterios”, explica. “El coral vivo tiene más valor que el coral arrancado, puesto que proporciona importantes servicios ambientales y un atractivo para las actividades del submarinismo”, sentencia Sergi Tudela.

Fuente y fotografía: La Vanguardia

15 febrero, 2017

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